jueves, 25 de febrero de 2016

Arquetipos y personajes femeninos en la literatura universal

Arquetipos y personajes femeninos en la literatura universal
Por: Raúl Pérez Hernández
La palabra, «personaje», según el Diccionario de la Real Academia Española, proviene del griego, «prosopōn» portador de máscara, y del latín «per-sonare», para resonar. Y en efecto, en los personajes de la literatura, suenan y resuenan los arquetipos o imágenes primordiales que habitan en el inconsciente colectivo, es decir, los personajes son una vía para conocer los estereotipos humanos como modelos de la personalidad y de conductas. Por ello, se puede afirmar que la personificación axiológica, es la teleología de cada personaje en la literatura universal. De esta manera, la literatura tiende un puente entre ficción y realidad, entre lo inconsciente y lo consciente, entre lo subjetivo y lo objetivo, entre lo abstracto y lo concreto, entre lo indirecto y lo directo  para transitar en él y acceder al conocimiento del otro, con la premisa por delante de que, como menciona Todorov, “conocer al otro y conocerse a sí mismo es la misma cosa”. Por ello, en el presente artículo, se enfatiza la recepción de la literatura como un «texto espejo»
            Siguiendo esta línea de ideas podemos afirmar que, la poética despierta la posibilidad de relación del mundo con la mujer, y de ella con el universo. Ahí, en la literatura universal, anidan los arquetipos femeninos, nacen y se proyectan para quedar grabados en el inconsciente colectivo a través del mito, de la leyenda, del cuento o novela. El poeta en su ensoñación con la mujer, crea y vive desde la palabra, la polifonía de sentidos que habrán de cantar el pretérito y devenir femenino. Hoy, lo hecho y lo dicho está, y si observamos y escuchamos el lenguaje literario como camino y destino a mundos posibles e hipótesis de vidas, conoceremos que la numinosidad femenina, ilumina a la vez que funde toda perspectiva del alma y consciencia que diseña la arquitectura de confianza de estar en el universo con ellas y ellas en  otredad.
            La mujer, ya sea como poetisa, personaje en la narrativa o «yo poético femenino» en la lírica, desvela su propia naturaleza narrándose a sí misma,  al  tiempo que proyecta  imágenes que han quedado incorporadas en la memoria de la humanidad como patrones del ser femenino. La poetisa/lectora, desde Safo, pasando por Juana de Asbaje y hasta Simon de Beauvoir, ha de lanzar su antítesis a los estereotipos femeninos dictados por la cultura patriarcal, mostrar ese fenómeno,  no es objetivo nuestro, pero tampoco antitético a él. Más bien en este artículo, con mirada junguiana, intentaremos aunque con brevedad por motivos de espacio, presentar  tres personajes de la literatura universal que han trascendido en el tiempo y espacio como arquetipos femeninos, esto sin atender la variable de género –masculino/femenino-, del escritor.
Para iniciar, debemos poner en perspectiva como centro y punto de partida en la identificación de las representaciones sociales de lo femenino,  la presencia de la mitología greco-romana. Para la identificación de los arquetipos femeninos, nos apoyaremos sobre todo, en las diosas olímpicas, por ser estas la fuente primigenia que simbolizan lo femenino. Estas diosas se han clasificado para los fines que pretendemos en tres categorías; Las diosas vírgenes, las diosas vulnerables y las diosas alquímicas o trasformativas. Las diosas vírgenes, en la mitología greco/latina, están presentes a través de Artemisa/Diana, Atenea/Minerva, y Hestia/Vesta. Las diosas vulnerables son; Hera/Juno, Démeter/Ceres y Perséfone/Coré. Por último, a las alquímicas o transformativas que son representadas por, Afrodita/Venus.
            La independencia, autonomía y autosuficiencia caracteriza a las diosas vírgenes. Los elementos emocionales no son su prioridad y estos no les desvían para lo que les es importante. El enamoramiento no les es afín, como tampoco el sufrimiento y el tormento. Son fuertes y se enfocan únicamente con lo personalmente significativo. Por otra parte y en oposición, las diosas vulnerables representan todo aquél carácter de la mujer tradicional en la sociedad falocéntrica. Estas diosas en la mitología greco-romana, fueron violadas, raptadas y humilladas por dioses masculinos. Los roles que les identifican son la dependencia, adopción y fuerte necesidad de vínculo, además de su alta sensibilidad en lo afectivo. Son madres, esposas e hijas llevando a cuestas los papeles tradicionales de estas en la cultura patriarcal. Por último, tenemos a las diosas alquímicas o transformativas, ellas valoran más bien la intensidad en las relaciones que la permanencia, son altamente receptivas a los cambios y al proceso creativo. En la mitología greco/latina, representan el amor y la belleza, su desempeño se inclina a la procreación y descendencia.
            Esta caracterización de deidades femeninas, se pone de manifiesto en la obra Teogonía, de Hesiodo,  Los Himnos Homéricos, en la Ilíada y la Odisea, además en Las tragedias de Eurípides, Sófocles y Esquilo, entre otros textos prístinos del pensamiento deífico de occidente. Lo fundacional de la cultura griega antigua, hace infranqueable su atención, además por la abundancia de  intertextos de esta literatura en las obras que le preceden, desde entonces hasta la actualidad.
            Así encontramos el mito de Electra y Edipo, en la presencia del elemento «incesto» en los argumentos de la novela y el cuento, de Narciso en la narración del pacto de belleza y juventud eterna, de Orfeo en el poder del canto y la música, de Prometeo como dador del fuego y la luz, y una muy larga lista de etcéteras.
            En este orden de ideas, continuamos con el llamado de personajes de la literatura universal para yuxtaponerlos con las deidades femeninas que ya mencionamos. Iniciemos pues, con Úrsula Iguarán, personaje de la obra, Cien años de soledad, del colombiano Gabriel García Márquez (1927-2014).
            Úrsula Iguarán, pródiga en roles y funciones, se caracteriza por su metamorfosis. (Cabe hacer la mención que de acuerdo con la historia individual, puede la personalidad estancarse o transitar de un arquetipo a otro). Úrsula posee la fuerza de las diosas vírgenes a la vez que muestra su vulnerabilidad como protectora de la familia y el hogar. Úrsula portadora de la fuerza de la vida y la fecundidad es sin lugar a dudas la figura más representativa y gigantesca de la novela. Al igual que Gea la diosa mitológica griega, diosa madre de la tierra de la que descendieron todas las razas divinas, Úrsula es la matriarca de la familia Buendía, por ello Úrsula encabeza la lista de los personajes femeninos que situamos como diosas vírgenes.
            En el grupo de las diosas vulnerables tenemos como prototipo a Eugénie Grandet, heroína de la novela que lleva como título el mismo nombre, obra representativa de la novela realista del siglo XIX del escritor francés, Honoré de Balzac (1799-1850). Eugénie, fue humillada y traicionada por su propia familia. La avaricia de su padre motiva para dar a su hija una vida acética además de doblegar su libertad de decisión para definir su futuro. No obstante que contrae matrimonio con quien ella decide, este, su marido a la vez que su primo la traiciona. La nobleza e inocencia de Eugénie, la confinan después de un segundo matrimonio a los actos de caridad y misericordia.
            Por último el turno es para Emma Bovary, personaje principal de la novela del escritor francés Gustave Flaubert (1821-1880), Madam Bovary. Emma encabeza el grupo de las diosas alquímicas o transformativas. Flauber, desde Emma, pone de manifiesto la monotonía y desilusiones de la vida burguesa y reta  la moral victoriana. Emma como amante, romántica e ilusionada, prioriza la pasión y el romance intenso sobre un matrimonio insípido y “correcto”. Más que una historia de adulterio y suicidio, en un doble fondo, Flaubert hace una crítica a la doble moral de la sociedad burguesa de su tiempo.
            Por ahora nos conformaremos con estos tres personajes como muestra de cada arquetipo, sin embargo, presentaremos en los siguientes números de esta revista, personajes como; Susana San Juan, De la obra de Juan Rulfo, Pedro Páramo. La Maga, de Rayuela del escritor Julio Cortázar, Doña Bárbara de Rómulo Gallegos, Jesusa Palancares en Hasta no verte Jesús mío de Elena Poniatowska, Ofelia, en Hamblet de William Shakespeare, Elizabeth Bennet en Orgullo y prejuicio de Jane Austin, Nana en Nana de Emile Zolá. Natasha Rostova en La guerra y la paz, de León Tolstoi, Fantine en Los miserables de Victor Hugo, Nora en Casa de muñecas de Henrik Ibsen y otras entre una larga lista.
           


miércoles, 1 de julio de 2015

El enunciado


Ortuño, M. (1997) Teoría y práctica de la Lingüística Moderna. Trillas. México.
•Las proposiciones son sintagmas que constituyen estructuras muy complejas, formadas por un sujeto más un predicado, pero se diferencian de los enunciados en que las proposiciones no tienen independencia sintáctica o funcional; por ejemplo:
Los niños estudian mucho   y   las niñas estudian poco.
            En este enunciado se puede reconocer la existencias de dos proposiciones unidas por medio de un enlace coordinante; pero cada proposición tiene sujeto y predicado.
Los niños estudian mucho: estructura    S+P.
Las niñas estudian poco: estructura   S+P.
Al unirse mediante en enlace, cada una de ellas ha perdido su independencia y funcionan como sintagma o estructura que forman parte de otro sintagma o estructura mayor. En este caso, de un enunciado compuesto coordinado.
Los niños que estudian mucho tendrán un premio.
En este enunciado, compuesto subordinado, también se puede reconocer dos proposiciones:
los niños tendrán un premio: enunciado o proposición principal
que estudian mucho: enunciado o proposición subordinada.
Se estima que es más correcto llamar proposición y no enunciado a estos sintagmas, que son estructuras dependientes de un sintagma mayor e independiente: el enunciado compuesto.
 •Los enunciados son sintagmas más completos que se puede construir desde el punto de vista sintáctico, es decir, los sintagmas independientes, que constituyen estructuras completas y acabadas, desde el punto de vista sintáctico.
La casa está viejaEl jardín parece vacioVente conmigo.
¡Vámonos!   ¡Salgan!   ¡Llueve!   ¡Ay!   ¡Hola!  
Los buenos alumnos sacarán mejores premios en los exámenes.
Los perros corren y los pájaros vuelan. Tráeme una buena pieza.
Estos enunciados son de muchas y diversas clases.

 ENUNCIADO, PROPOSICIÓN Y CONSTRUCCIÓN
Es importante insistir en el conocimiento de estas tres clases de sintagmas.
•El enunciado es la unidad de comunicación o mensaje con independencia sintáctica. Se trata de un signo lingüístico complejo, es decir, formado por varios morfemas o sintagmas que se enlazan entre sí.
            Un enunciado puede ser una simple palabra, siempre y cuando constituya unidad de comunicación o mensaje, pero también puede estar formado por varias palabras, estructuras o sintagmas entrelazados.
            Para su reconocimiento y definición se puede aplicar los distintos criterios del análisis lingüístico, señalando lo siguiente:
            El enunciado:
            -Con criterio sintáctico: es un sintagma independiente;
            -Con criterio semántico: es una unidad de comunicación que tiene sentido completo y expresa la unidad del hablante;
            -Con criterio fonológico: termina siempre en una pausa y cambio de entonación, que denota el final del mensaje o de la comunicación, y
            -Con criterio ortográfico: empieza en letra mayúscula y termina con punto. También puede aparecer entre signos de admiración e interrogación.
            Teniendo en cuenta estos criterios, la determinación de los enunciados resulta muy sencilla y no ofrece la menor duda:
            ¡Hola!    ¿Qué tal?    ¡Muy bien!   ¡Qué noche tan bella!   Por este camino se llega al campamento.  Vámonos pronto.    Si no tienes inconveniente, mañana comeremos más tarde.   Los perros ladran.   La manada está tranquila.   Los alumnos que estudien mucho obtendrán los mejores premios.
Todos estos sintagmas constituyen enunciado; naturalmente, hay muchas clases y tipos de enunciados.
            Hay enunciados formados por una sola palabra y enunciados en que aparecen dos y más palabras: enunciados simples y compuestos; y enunciados coordinados y subordinados.
            Proposición es un sintagma o estructura sintáctica que, a pesar de tener todas las características del enunciado, no constituye unidad de comunicación, debido a su dependencia o inserción dentro de un sintagma o estructura más compleja.
            La proposición puede ser una simple palabra o estar formada por varias palabras, estructuras o sintagmas entrelazados. A su reconocimiento y definición se pueden aplicar los criterios de análisis lingüístico, señalando lo siguiente:
La proposición:
-Con criterio sintáctico: es un sintagma dependiente, incluido en un enunciado más complejo;
-Con criterio semántico: no tiene sentido completo, pero expresa una actitud de parte del hablante.
-Con criterio fonológico: la entonación y la pausa denotan que el mensaje o la comunicación no han terminado, y
-Con criterio ortográfico: la proposición no termina en punto sino en coma o enlace, señalando su dependencia de otro sintagma, con el que tiene que aparecer unido.
            Si un enunciado se une a otro para formar entre ambos un enunciado compuesto o complejo (compuesto subordinado), cada enunciado se convierte en una proposición; por ejemplo:
El caballo galopa.   Los pájaros vuelanLos perros ladran.    La manada está tranquila.    Los alumnos estudian muchoObtendrán los mejores premios.   Los muchachos están alegres.   Los mayores están pensativos.   Vámonos pronto.   Por este camino se llega al campamento.
y
 
            Estos enunciados se pueden unir por medio de ciertos enlaces y llegar a convertirse en proposiciones de enunciados compuestos; por ejemplo:
El caballo galopa         los pájaros vuelan.
que
 
y
 
Los perros ladran         la manada está tranquila.
,
 
Los alumnos                 estudien mucho obtendrán los mejores premios.
que
 
Los muchachos están alegres       los mayores están pensativos.
Vámonos pronto                 por este camino se llega al campamento.
            Las proposiciones se enlazan entre sí para formar enunciados de dos maneras: mediante coordinación y por medio de subordinación, dando lugar a los enunciados coordinados y los enunciados complejos.

Construcción es un sintagma de menor categoría que el enunciado y la proposición; es una estructura sintáctica mínima, resultante de la unión de varias palabras, carente de sentido o de actitud del hablante. A su reconocimiento y definición se puede aplicar los criterios de análisis lingüístico, señalando lo siguiente:
            La construcción:
-Con criterio sintáctico: es un sintagma dependiente, incluido en proposiciones o enunciados;
-Con criterio semántico: no tiene sentido completo ni expresa una actitud de parte del hablante, y
-Con criterio fonológico: su entonación forma parte y está incluida en la entonación general de la proposición o del enunciado en los que se halla inserta.
            He aquí algunas construcciones:
El caballo /   los pájaroslos perros/   la manadalos mejores premiosa la casa   /   por este camino
            En el siguiente ejemplo se puede observar la existencia y funcionamiento del enunciado, la proposición y las construcciones:
            Por las noches vienen a sus ramas las almas de los viejos pájaros y comienzan a piar desesperadamente.
y
 
            El sintagma completo es un enunciado compuesto coordinado.
Existen dos proposiciones unidas por el enlace           
Aparecen diversas construcciones:
Por las noches /   a sus ramas  / las almas de los viejos pájaros /  a piar desesperadamente /  a piar  / los viejos pájaros
Se puede incluir que:
Enunciados simples son aquellos que en sus estructuras no incluyen ninguna proposición; en cambio, son enunciados compuestos los que en su estructura total incluyen una o más proposiciones, ya sean coordinadas o subordinadas.(pág. 70-74).
Es enunciado bimembre aquél cuya estructura presenta dos sintagmas enfrentados: el sintagma sujeto y el sintagma predicado. Estos sintagmas no se relacionan por coordinación ni por subordinación, sino por enfrentamiento. El enunciado bimembre recibe el nombre de oración.
            El enfrentamiento de sujeto y predicado se comprueba porque ambos sintagmas se implican mutuamente: existe sujeto porque hay predicado y viceversa:   S→P.
            Además, por la concordancia que establece entre sus núcleos. (p 76).



Bajtín. M.M- (2003). Estética de la creación verbal. Siglo XXI. México.
EL ENUNCIADO COMO UNIDAD DE LA COMUNICACIÓN DISCURSIVA, DIFERENCIA ENTRE ESTA UNIDAD Y LAS UNIDADES DE LA LENGUA (PALABRA Y ORACIÓN).
“…el oyente, al percibir y comprender el significado (lingüístico) del discurso simultáneamente toma con respecto a éste una activa postura de respuesta: está o no de acuerdo con el discurso (total o parcialmente), lo completa, lo aplica, se prepara para una acción, etc.; y la postura de respuesta del oyente está en formación a lo largo de todo el proceso de audición y comprensión desde el principio, a veces, a partir de las primeras palabras del hablante. Toda comprensión de un discurso vivo, de un enunciado viviente, tiene un carácter de respuesta (a pesar de que el grado de participación puede ser variado); toda comprensión está preñada de respuesta y de una u otra manera la genera: el oyente se convierte en hablante. Una comprensión pasiva del discurso es tan sólo un momento abstracto de la comprensión total y activa que implica una respuesta, y se actualiza en consiguiente respuesta en voz alta. Claro, no siempre tiene lugar una respuesta inmediata en voz alta; la comprensión activa del oyente puede traducirse en una acción inmediata ( en el caso de una orden, podrías tratarse del cumplimiento), puede asimismo quedar por un tiempo como una comprensión silenciosa (algunos de los géneros discursivos están orientados precisamente hacia esta tipo de comprensión, por ejemplo los géneros líricos), pero ésta, por decirlo así es una comprensión de respuesta de acción retardada: tarde o temprano lo escuchado y lo comprendido activamente resurgirá en los discursos posteriores o en la conducta del oyente.” (p. 26).
La falta de una definición terminológica y la confusión que reinan en un punto tan importante, desde el punto de vista metodológico, para el pensamiento lingüístico, son resultado de un menosprecio hacia la unidad real de la comunicación discursiva que es el enunciado. Porque el discurso puede existir en la realidad tan sólo en forma de enunciados concretos pertenecientes a los hablantes o sujetos del discurso. El discurso siempre está vertido en la forma del enunciado que pertenece a un sujeto discursivo determinado y no puede existir fuera de esta forma. Por más variados que sean los enunciados según su extensión, contenido, composición, todos poseen, en tanto que son unidades de la comunicación discursiva, unos rasgos estructurales comunes, y, ante todo, tienen fronteras muy bien definidas. Es necesario describir estas fronteras que tienen un carácter esencial y de fondo.
            Las fronteras de cada enunciado como unidad de la comunicación discursiva se determinan por el cambio de los sujetos discursivos, es decir, por la alternación de los hablantes. Todo enunciado, desde una breve réplica del diálogo cotidiano hasta una novela grande o un tratado científico, posee por decirlo así, un principio absoluto y un final absoluto; antes del comienzo están los enunciados de otros, después del final están los enunciados respuestas de otros (o siquiera una comprensión silenciosa y activa del otro, o, finalmente, una acción respuesta basada en tal tipo de comprensión). Un hablante termina su enunciado para ceder la palabra del otro o para dar lugar a su comprensión activa como respuesta. El enunciado no es una unidad convencional sino real, delimitada con precisión por el cambio de los sujetos discursivos, y que termina con el hecho de ceder la palabra al otro, una especie de un dixi silencioso que se percibe por los oyentes [como señal] de que el hablante haya concluido.

            Esta alteración de los sujetos discursivos, que constituye las fronteras precisas del enunciado, adopta, en diversas esferas de la praxis humana y de la vida cotidiana, formas variadas según distintas funciones del lenguaje, diferentes condiciones y situación de la comunicación. Este cambio de sujetos discursivos se observa de una manera más simple y obvia en un diálogo real, donde los enunciados de los interlocutores (dialogantes), llamadas réplicas, se sustituyen mutuamente. El diálogo es una forma clásica de la comunicación discursiva debido a su sencillez y claridad. Cada réplica, por más breve e intermitente que sea, posee una conclusión específica, al expresar cierta posición del hablante, la que puede ser contestada y con respecto a la que se puede adoptar otra posición. En esta conclusión específica del enunciado haremos hincapié más adelante, puesto que éste es uno de los rasgos distintivos principales del enunciado. Al mismo tiempo, las réplicas están relacionadas entre sí. Pero las relaciones que se establecen entre las réplicas de un diálogo y que son relaciones de pregunta, afirmación y objeción, afirmación y consentimiento, proposición y aceptación, orden y cumplimiento, etc., son imposibles entre unidades de la lengua (palabras y oraciones), ni dentro del sistema de la lengua, ni dentro del enunciado mismo. Estas relaciones específicas que se entablan entre las réplicas de un diálogo so apenas subespecies de tipos de relaciones que surgen entre enunciados enteros en el proceso de la comunicación discursiva. Tales relaciones pueden ser posibles tan sólo entre los enunciados que pertenezcan a diferentes sujetos discursivos, porque presuponen la existencia de otros  (en relación con el hablante) miembros de una comunicación discursiva. Las relaciones entre enunciados enteros no se someten a una gramaticalización porque, repetimos, son imposibles de establecer entre las unidades de la lengua, ni a nivel del sistema de la lengua, ni dentro del enunciado.

            En los géneros discursivos secundarios, sobre todo los géneros relacionados con la oratoria, nos encontramos con algunos fenómenos que aparentemente contradicen a nuestra última tesis. Muy a menudo el hablante (o el escritor), dentro de los límites de su enunciado plantea preguntas, las contesta, se refuta y rechaza sus propias objeciones, etc. Pero estos fenómenos no son más que una representación convencional de la comunicación discursiva y de los géneros discursivos primarios. Tal representación es característica de los géneros retóricos (en sentido amplio, incluyendo algunos géneros de la divulgación científica), pero todos los demás géneros secundarios (literarios y científicos) utilizan diversas formas de la implantación de géneros discursivos primarios y relaciones entre ellos a la estructura del enunciado (y los géneros primarios incluidos en los secundarios se transforman en mayor o menor medida, porque no tiene lugar un cambio real de los sujetos discursivos). Tal es la naturaleza de los géneros secundarios. Pero en todos estos casos, las relaciones que se establecen entre los géneros primarios reproducidos, a pesar de ubicarse dentro de los límites de un solo enunciado, no se someten a la gramaticalización y conservan su naturaleza específica, que es fundamentalmente distinta de la naturaleza de las relaciones que existen entre palabras y oraciones (así como entre otras unidades lingüísticas: combinaciones verbales, etc.) en el enunciado.
            Aquí, aprovechando el diálogo y sus réplicas, es necesario explicar previamente el problema de la oración como unidad de la lengua, a diferencia del enunciado como unidad de la comunicación discursiva.
            (El problema de la naturaleza de la oración es uno de los más complicados y difíciles en la lingüística. La lucha de opiniones en relación con él se prolonga hasta el momento actual. Desde luego, la aclaración de este problema en toda su complejidad no forma parte de nuestro propósito, nosotros tenemos la intención de tocar tan sólo en parte un aspecto de él, pero este aspecto, en nuestra opinión, tiene una importancia esencial para todo el problema. Lo que nos importa es definir exactamente la relación entre la oración y el enunciado. Esto ayudará a vislumbrar mejor lo que es el enunciado por una parte, y la oración por otra.)

            De esta cuestión nos ocuparemos más adelante, y por lo pronto anotaremos tan sólo el hecho de que los límites de una oración como unidad de la lengua jamás se determinan por el cambio de los sujetos discursivos. Tal cambio que enmarcaría la oración desde los dos lados la convierte en un enunciado completo. Una oración así adquiere nuevas cualidades y se percibe de una manera diferente en comparación con la oración que está enmarcada por otras oraciones dentro del contexto de un mismo enunciado perteneciente a un solo hablante. La oración es una idea relativamente concluida que se relaciona de una manera inmediata con otras ideas de un mismo hablante dentro de la totalidad de su enunciado; al concluir la oración, el hablante hace una pausa para pasar luego a otra idea suya que continúe, complete fundamente a la primera. El contexto de una oración viene a ser el contexto del discurso de un mismo sujeto hablante; la oración no se relaciona inmediatamente y por sí misma con el contexto de la realidad extraverbal (situación, ambiente, prehistoria) y con los enunciados de otros ambientes, sino que se vincula a ellos a través de todo el contexto verbal que la rodea, es decir, a través del enunciado en su totalidad. Si el enunciado no está rodeado por el contexto discursivo de un mismo hablante, es decir, si representa un enunciado completo y concluso (réplica del diálogo) entonces se enfrenta de una manera directa e inmediata a la realidad (al contexto extraverbal del discurso) y a otros enunciados ajenos; no es seguida entonces por una pausa determinada y evaluada por el mismo hablante (toda clase de pausas como fenómenos gramaticales calculados y razonados sólo son posibles dentro del discurso de un solo hablante, es decir, dentro de un mismo enunciado; las pausas que se dan entre los enunciados no tienen un carácter gramatical sino real; esas pausas reales son psicológicas o se producen por algunas circunstancias externas y pueden interrumpir un enunciado; en los géneros literarios secundarios esas pausas se calculan por el autor, director o actor, pero son radicalmente diferentes tanto de las pausas gramaticales como estilísticas, las que se dan,, por ejemplo, entre los sintagmas dentro del enunciado), sino por una respuesta o la comprensión tácita del otro hablante. Una oración semejante convertida en un enunciado completo adquiere una especial plenitud del sentido: en relación con ello se puede tomar una postura de respuesta: estar de acuerdo o en desacuerdo con ello, se puede cumplirla si es una orden, se puede evaluarla, etc.; mientras que una oración dentro del contexto verbal carece de capacidad para determinar una respuesta, y la puede adquirir (o más bien se cubre por ella) tan sólo dentro de la totalidad del enunciado.

            Todos esos rasgos y particularidades, absolutamente nuevos, no pertenecen a la oración misma que llegase a ser un enunciado, sino al enunciado en sí, porque expresan la naturaleza de éste, y no la naturaleza de la oración; esos atributos se unen a la oración completándola hasta formar un enunciado completo. La oración como unidad de la lengua carece de todos esos atributos: no se delimita por el cambio de los sujetos discursivos, no tiene un contacto inmediato con la realidad (con la situación extraverbal) ni tampoco se relaciona de una manera directa con los enunciados ajenos; no posee una plenitud del sentido ni una capacidad de determinar directamente la postura de respuesta del otro hablante, es decir, no provoca una respuesta. La oración como unidad de la lengua tiene una naturaleza gramatical, límites gramaticales, conclusividad y unidad gramaticales. (Pero analizada dentro de la totalidad del enunciado y desde el punto de vista de esta totalidad, adquiere propiedades estilísticas.) Allí donde la oración figura como un enunciado entero, resulta ser enmarcado en una especie de material muy especial. Cuando se olvida esto en el análisis de una oración, se tergiversa entonces su naturaleza (y al mismo tiempo, la del enunciado, al atribuirle aspectos gramaticales). Muchos lingüistas (en lo que respecta a la sintaxis) confunden ambos campos: lo que estudian es, en realidad, una especie de híbrido entre la oración (unidad de la lengua) y el enunciado. La gente no hace intercambio de oraciones ni de palabras en un sentido estrictamente lingüístico, ni de conjuntos de palabras; la gente habla por medio de enunciados, que se construyen con la ayuda de las unidades de la lengua que son palabras, conjuntos de palabras, oraciones; el enunciado puede ser constituido tanto por una oración como por una palabra, es decir, por una unidad del discurso (principalmente, por una réplica del diálogo), pero no por eso una unidad de la lengua se convierte en una unidad de la comunicación discursiva.

            La falta de una teoría bien elaborada del enunciado como unidad de la comunicación discursiva lleva a una diferenciación insuficiente entre la oración y el enunciado, y a menudo a una completa confusión entre ambos.
            Volvamos al diálogo real. Como ya lo hemos señalado, es la forma clásica y más sencilla de la comunicación discursiva. El cambio de los sujetos discursivos (hablantes) que determina los límites del enunciado se presenta en el diálogo con una claridad excepcional. Pero en otras esferas de la comunicación discursiva, incluso en la comunicación cultural complejamente organizada (científica y artística), la naturaleza de los límites del enunciado es la misma. (págs. ¿?)

 Como la palabra, la oración también es una realidad intuida por los hablantes (aunque estos suelan preferir hablar de frase). La oración representa un pequeño mensaje (unidad conceptual), en el que un predicado informa acerca de un sujeto (unidad estructural), y que se asocia en la escritura a un conjunto de palabras delimitadas por un punto al principio y otro al final (unidad formal). Tales marcas gráficas se corresponden en la lengua hablada con una entonación que la diferencia y aísla. Ninguna de estas propiedades asegura su reconocimiento, por tanto ninguna de ellas convierte la oración en un concepto científico (claro y distinto), como manifiesta la existencia de demasiados malos ejemplos.

Toda esta problemática tiene dos grandes causas:

a.    La falta de ajuste entre las unidades conceptual, estructural y formal, con muestras que presentan una de ella (¡Ana!, Me gritó: sal pronto). Detrás de este hecho está el gran número de definiciones existentes de la oración, cada una de las cuales ha privilegiado una de ellas.
b.    Los problemas de aplicación de los criterios emanados de la triple unidad. Esto se debe a que la unidad conceptual es de naturaleza mental y se materializa en unas propiedades formales de validez limitada. La entonación tiene muchos problemas y las propias de la lengua escrita lógicamente no funcionan en la hablada y, aparte, dependen demasiado de las decisiones individuales de los hablantes. Así apuntuó A. Machado el primer serventesio de sus famoso “Retrato”:

·         Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
·         y un huerto claro donde madura el limonero;
·         mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
·         mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

También podría haber sustituido los puntos y coma por puntos, entonces, se habría hablado de tres enunciados oracionales.

Para superar esta falta de definición se han seguido dos caminos: eliminar la oración o restringirla mediante la separación de la oración de otras unidades próximas. En un caso y otro, siempre el investigador y el profesor tendrá que luchar con la intuición originaria de los hablantes.

Enunciado, oración, cláusula y construcción

Para facilitar el estudio de la sintaxis del español, es muy útil esta distinción:
o    ENUNCIADO: unidad comunicativa mediante la que el hablante realiza un determinado acto transmitiendo un mensaje relativamente autónomo. Sus límites van de un punto a otro punto, por lo que posee una entonación propia. Pueden ser oracionales (Te llamo mañana) o no (¡Trato hecho!, ¡Ojalá!). Los enunciados oracionales más completos contiene una oración y ciertos constituyentes que quedan fuera de ella: conectores discursivos y modificadores oracionales. Los conectores discursivos (además, encima, sin embargo, no obstante, por lo tanto…) unen un enunciado a otro, dando lugar a diversas relaciones. Son un factor fundamental de cohesión en todo el texto. Los modificadores oracionales son adverbios y expresiones semejantes que aportan determinadas informaciones de carácter subjetivo sobre la oración, por lo que quedan fuera de esta (Desgraciadamente, se marcharon sin despedirse). Pertenecen también al enunciado y están fuera de la oración: los vocativos (Eva, tírate al agua, que está muy buena) y ciertos constituyentes que indican de que va a hablarse <(En cuanto al plan Bolonia, quiero que conozcáis este nuevo escrito).
o    ORACIÓN: unidad sintáctica definida por la relación sujeto y predicado. Esta relación define la estructura de las oraciones y organiza la red de funciones que las constituyen.
o    CLÁUSULA: oración incluida en otra oración. Pueden ser coordinadas (Ana ha cogido en brazos a Alejandro y este ha sonreído) o subordinadas (Dime quién va a venir). Para simplificar la terminología, en estos apuntes se seguirán llamando a las cláusulas, oraciones.
o    CONSTRUCCIÓN: término impreciso empleado hoy día para referirse a aquellas combinaciones de palabras en las que es posible distinguir un sujeto y un predicado y que poseen una identidad característica, de modo que su significado no se explica por la suma de sus constituyentes. Como las cláusulas, la mayoría de las construcciones no son independientes, aunque, frente a estas, sus peculiaridades dificultan su análisis como coordinadas o subordinadas.

o    PERIODO: Este viejo término gramatical, recuperado recientemente, se aplica para esas oraciones compuestas por dos oraciones entre las que se establece una relación causativa (causa-efecto), como las que encontramos en las condicionales(Si te duele, avisa), causales (Avisó al médico porque le dolía).